En 2015, mi hijo Gonzalo tenía 18 años cuando un accidente se lo llevó. Lo que siguió cambió todo. Hubo días en que levantarme de la cama era lo único que podía hacer.
Con el tiempo, empecé a compartir mi proceso en redes sociales. Lo que comenzó como una necesidad de expresarme se fue convirtiendo en una comunidad de mamás que estaban viviendo lo mismo.
Hoy acompaño a madres desde la experiencia real — desde el corazón, desde la vida vivida, desde el amor de alguien que lo atravesó y sigue haciéndolo cada día. Armé espacios de contención, recursos, guías. Y ahora, este libro.
Convertí el dolor en amor. Y ese amor hoy tiene forma de palabras.